MANIFIESTO XINE NORTE

El cine no tiene una misión, nosotros se la damos porque seguimos vivos.

Han sido años perdidos. No existe temor en decirlo: perdidos. No hemos avanzado más allá de los aspectos técnicos, como si todo el trabajo estuviera apresado en los engranajes de una maquinaria precisa pero carente de espíritu. El avance, aunque innegable, no ha sido suficiente para desafiar y desarticular las estructuras conservadoras que dominan nuestra práctica cinematográfica. Hemos quedado atrapados, casi cautivos, en las modas pasajeras, prendiéndonos de las formas superficiales del momento, como si estas fueran el destino último y no apenas un medio para algo más auténtico. La renovación entonces parece siempre al alcance de la mano, pero nunca se consuma, siempre postergada por una inercia que no sabemos —o no queremos— vencer. Así, nos hemos quedado perdidos y prendidos en la forma de turno.

La muerte, tan cercana, nos ofreció múltiples caminos. No obstante, elegimos el de la autocompasión, la tristeza y la paranoia. El temor por salir y morir por un virus se ha extrapolado a nuestro de temor de salir y romper nuestro esquema conservador de vida///arte. Queremos asegurarnos un poco de paz. Estar lejos de la muerte. Tenemos miedo al riesgo. Así, en efecto, no se ha tomado el camino correcto.

Pero que no se confunda el curioso y cinéfago lector. Yo hablo de mi Norte, de esa mayoría que configura mi Lima Norte. Claro está que existen excepciones, y sería mezquino ignorarlas: colectivos capaces de afrontar la desdicha y entregarle frescura a la carencia con una creatividad admirable; directores que, desde las sombras, ofrecen imágenes sensibles, provocadoras y bellísimas  —próximamente exotizadas — a la historia cinematográfica; o espacios alternativos de proyección que apuestan siempre, de manera inquebrantable, por la valentía y la vanguardia. Hablo de mi Norte, mi Lima Norte. No hablo del canon, ineludible, y sus múltiples aciertos y desaciertos. Hablo de esta masa cucaracha que incomoda a tanto piso, de lo que ni siquiera es Otro.

Es en este mismo lugar donde seguimos vivos, donde una voz que no es escuchada no es voz, por más excepciones que existan. Pues en este sistema, las excepciones son olvidadas cuando no corresponden ni a la agenda ni al espacio mismo permitido para ser marginal. Ni siquiera llegamos a eso. Porque para ser oposición primero debemos encontrarnos como antípoda, como diferencia. No lo encontramos o, debería decir, no nos encuentran. Estamos en otro lado. No sumamos. No restamos. Caminamos.

¿Quiénes son los que caminan? ¿Qué es Lima Norte? Importante aclaración porque estas palabras tienen un pueblo que las conduce. Los que caminan ya no son el pueblo de Hora Zero, Kloaka, Cultivo o Neón. Ni siquiera nos acercamos a ellos. Ni siquiera somos el Perú. Solo somos Lima. Y Lima no es el Perú. Reconocemos las regiones con su particular historia, cultura y anhelos. Solo somos Lima, repetimos. Aunque lo correcto sería decir: solo estamos en Lima. Puntualizamos: dentro de Lima. Es decir, ni siquiera somos Lima. Allí, solo somos un espacio, extrañamente alejado y que, sin embargo, crece entre invasión e invasión como las posibilidades de que surjan nuevos espacios de creación y tormento. A ese extraño lugar donde todo lo que crece abruma y sana, concede y pervierte; lo llamamos Lima Norte.

Podríamos entender, entonces, las causas que conllevaron al camino de la sumisión. Hay tanta aglomeración de oportunidades como de deudas, muertes, hijos y enfermedades. Esto despierta un clima desolador: pocas horas para crear y muchas para trabajar, estudiar y coger. Un triángulo insidioso que, lejos de liberar, adormece los ánimos, endulzando las cadenas con la mentira insidiosa de que no hay otra causa por la que luchar que la de uno mismo. Si encontramos un equilibrio en el triángulo, entonces todo estará bien. Solo seguimos vivos y eso es todo lo que seremos. Tenemos tantos problemas y tantas victorias personales que consideramos que lo que sucede en Cercado de Lima, en Piura o en Barcelona no nos afecta en absoluto. Y puede que sea cierto. No nos hallamos en la historia oficial. Pensamos que nos encontramos en Ribeyro y sus personajes resignados, pero no lo estamos realmente. Pensamos en los maestros del Grupo Chaski y sus imágenes entrañables y combativas, pero no nos encontramos realmente. Pensamos en los maestros del cine regional y los grandes intentos vanguardistas de la periferia antes mencionados, pero no nos encontramos realmente. Podríamos considerar algunas excepciones. En todo siempre hay excepciones. Sin embargo, en definitiva, no hay una constante. No hay solidez de este lado del pueblo limeño. Pero, y esto quiero dejarlo en claro, no hacemos nada con ello. No hacemos algo con lo que se hizo de nosotros. La mayoría ha elegido un camino. El camino de la desidia, el miedo o el confort. Pueden hacer lo que quieran. Creemos en la libertad. También creemos en la acción.

El xine de Lima Norte surge como un acto de supervivencia y resistencia en un sistema que lo despoja y homogeniza. En un contexto donde todo se mide en términos de utilidad, donde el mercado convierte cada acto creativo en mercancía, nuestro xine se posiciona como una brecha, una grieta, un puño, una señal de que existimos más allá del valor que se nos impone.

Lima Norte no tiene una identidad fija, y eso no es una debilidad, sino una invitación a crearla. Venimos de una pandemia que nos ha aterrorizado, que nos ha vuelto paranoicos y nos ha reducido al miedo y al aislamiento. Pero ese miedo no nos define; es la energía que enciende la necesidad de explorar. No queremos quedarnos atrapados en "la forma de turno," esa estética prefabricada que reduce el cine a códigos replicables. En vez de eso, proponemos un xine que se atreva a ser fragmentado, incompleto, imperfecto, como lo somos nosotros mismos. Porque tenemos una identidad fragmentada, pero existe.

Lima Norte es un espacio de fragmentos, un collage de historias inconexas, de migrantes, de trabajadores, de vidas en constante movimiento. Somos hijos de migrantes, somos migrantes, somos los que ocultaron sus raíces y los que la valoraron. No somos un "todo" uniforme, y nuestro xine tampoco debería serlo. Reconocemos la pertenencia múltiple de Maalouf. Cada cuadro, cada escena, cada película es un pedazo de este rompecabezas que nunca termina de completarse, de crearse. Nuestra historia no está en los grandes relatos, sino en las pequeñas resistencias, en las grietas del sistema, en los gestos cotidianos que desafían el olvido. Porque tenemos una identidad fragmentada, pero existe.

El neoliberalismo reduce la vida a una serie de transacciones. El cine comercial se convierte en otra extensión de este sistema, un opio visual que nos distrae de nuestra alienación. Pero siguiendo el pensamiento de Fisher, resistimos desde la nostalgia de un futuro mejor, desde la posibilidad de imaginar mundos más allá de los límites impuestos por el mercado. Nuestro xine es una afirmación de que somos más que consumidores; somos creadores.

El arte no es solo una expresión del sujeto, sino un ensamblaje, una producción de nuevas posibilidades. Nuestro xine no busca representar la realidad; busca intervenir en ella, crear nuevas lógicas, nuevos afectos, nuevos mundos. Es un xine que resiste al sistema al operar fuera de sus lógicas, utilizando la precariedad como fuerza y no como límite.

En Xine Norte no contamos con grandes presupuestos, sin embargo, esa es nuestra fortaleza. Como el Dogma 95 alguna vez proclamó, pensamos equilibrar la dinámica del negocio tanto como fuera posible. Pero vamos más allá: nuestra justificación no está en reglas autoimpuestas, sino en nuestra realidad material. Filmamos con lo que tenemos: cámaras prestadas, celulares, computadoras de segunda mano. Este acto es más subversivo que cualquier manifiesto anterior porque no se basa en una elección estética, sino en la necesidad misma.

Aparece así el director-guionista-editor, el cual no es una figura de control creativo, sino de supervivencia. Somos una sola persona haciendo el trabajo de un equipo entero porque no hay otra opción. Y en ese acto de autogestión encontramos una libertad que el sistema nos niega. En la falta encontramos nuestro deseo; en la ausencia de recursos, encontramos nuestra razón para crear. A este director-guionista-editor le llamamos Conero, por su carácter conflictivo y sucio, pero también con una intención notoria de reemplazar el término despectivo con que se nos identifica y alzarlo al más conflictivo y sucio valor de las estrellas.

Hacer xine en Lima Norte no es solo resistir; es reinventar. Nuestra creatividad no es un lujo, es nuestra principal arma. Buscamos un xine que sea visto, que sea entretenido, pero que nunca pierda su brillo autoral. La autoría no es el ego del creador, sino su huella en un sistema que intenta uniformarlo todo. El cine de Lima Norte es un cine de contrastes: desafía mientras conecta, experimenta mientras narra.

Deleuze nos recuerda que el cine puede ser un flujo de pensamiento, una línea que atraviesa el caos sin sucumbir a él. Nuestro xine puede y debe dialogar con el espectador, generar afectos, ideas, sensaciones. La risa, el miedo, el asombro: todo ello puede coexistir con la profundidad de un mensaje autoral que rompa con la pasividad del consumo.

Hacemos xine porque seguimos vivos, y seguimos vivos porque hacemos xine. Nuestro xine no es un producto; es un acto de resistencia, una declaración de existencia, una lucha por imaginar algo más. En cada toma, en cada plano, en cada historia, Lima Norte respira, grita, sueña. Y mientras sigamos vivos, seguiremos filmando bajo esta base:

1.  El director escribirá y editará su propia obra. A esta figura se le conocerá como Conero.

2.  El Conero no tiene excusas: puede grabar con lo que sea y en el formato que sea.

3.  La dirección de arte y fotografía no debe tener tanta importancia, sin embargo, el Conero no debe descuidar su imagen. Debe resistir a partir de la educación visual de la internet, la televisión, los videojuegos y las figuras recortables.

4.  El Conero puede hacer lo que quiera en la postproducción. Sin embargo, esta no debe durar más de dos meses. Hay que luchar contra el exceso de actividades y la procrastinación. Trabajar con urgencia bajo condiciones precarias. La obra nunca es la misma.

5.  El Conero valora cada expresión artística por lo que tratará de trabajar con actores que toman en serio su pasión o que han estudiado para aquello, sin embargo, se entiende la carencia por lo que los actores no-profesionales o personas que no sean recurrentes a la actuación también son bienvenidas.

6.  El Conero usará música de artistas emergentes. En caso de que estos artistas no satisfagan su producción creativa, puede hacer uso de su propio ingenio o de las bancos gratuitos de música.

7.  El Conero puede escribir de lo que sea desde la ideología política que quiera. Su acto ya es revolucionario.

8.  El Conero puede disponer de un grupo y asignar los roles que desee, con excepción de los cargos de editor y guionista mencionados anteriormente.

9.  El Conero usará locaciones de Lima Norte, las cuales podrán ser decoradas con fines narrativos. Sin embargo, se evitará el exceso y la creación de imágenes que no correspondan al ambiente auténtico de Lima Norte. El Conero también utiliza estos espacios como un registro de memoria, capturando las calles de Lima Norte antes de que sean invadidas por el comercio y la urbanización desenfrenada. La invasión invadida.

10.  El largometraje o cortometraje debe impactar tanto por su historia como por la forma en que es narrada. Lima Norte está llena de historias por pescar o por vivir. Aquí uno nunca se aburre.

11.  El Conero debe ayudar a otro que tenga menos oportunidades.

 

Este manifiesto tiene el objetivo de ser una muestra clara de que existimos De que formamos parte de esta historia. Lo que haga cada Conero luego de esto nos tiene sin cuidado. No creemos en identidades fijas. Aceptamos el cambio, pero ahora creemos que esto es necesario.


Diego Alexander Paiva  

9 de agosto de 2026

 

FIRMAN:

Herbert Cervantes

Joseph Bocanegra

Alejandro Sulca

Luis Narbasta

Lucero Llanquecha

Manuel Campos

Valeria Abuhadba